viernes, 10 de julio de 2009

¿Por qué no nos metemos todos en casa de Ingvar?



Hay que analizar la publicidad televisiva de estos días porque está cambiando con la crisis. Alguien que la viera dentro de cincuenta años podría no entenderla.




Algunos anuncios resultan de un humor negro un tanto desagradable. Vean este ejemplo, del que pronto se cansarán. De buen rollo.






Un salón. La típica estampa de una familia comiendo en casa. Los hijos, ya independizados, han vuelto un día con sus padres para una comida familiar.




Uno de los comensales, un hijo ya crecidito, confiesa triste que va a tener que volver a casa (evidentemente por la crisis).





El padre se lo toma a chufla y dice "donde caben dos caben tres". Un niño pequeño comienza a tararear eso y el padre se sienta en el piano a ponerle música a su ingenio.




Entonces viene ya la presentación de los productos IKEA, que están hechos, mira que casualidad, para enfrentarse a las crisis económicas y permitir que los pequeños polluelos vuelvan a casa, a vivir con los papás, sin que tengan que avergonzarse por ello y echándole sentido del humor a la vida. "Donde caben dos caben tres", da igual si esto es por un terremoto (en tal caso, Berlusconi está ahí para proponernos que pasemos un fin de semana de camping, aunque nuestra suegra haya muerto), por un tsunami o por el hundimiento total del sistema financiero. IKEA tiene solución para nuestros problemas de espacio.




Y yo digo, ¿Por qué coño no vamos metiendo a todos los que no puedan pagar su hipoteca en casa de Ingvar Kamprad, el dueño de Ikea?


El tiene sitio de sobra, lo dice en su anuncio.
Además aporto una foto. En ella papá Ingvar nos muestra a los primeros seguidores de esta idea, ya asentados en el salón de su casa. En realidad, su anuncio es un reclamo de generosidad.